23/01/12

Manuel Fraga Iribarne: conservador e reformista


«Seriedade, honestidade, eficacia e entrega» son os termos que utilizou Manuel Fraga na súa resposta á pregunta que lle formulei na entrevista que aparece abaixo sobre as cualidades básicas que tiña que ter un político. El morreu o 15 de xaneiro e descansa xa para sempre no cemiterio da pequena localidade de Perbes, tal como era o seu desexo, ao carón da súa querida dona. Penso que as palabras do principio estiveron gravadas na súa mente dende sempre, ao lado da palabra «responsabilidade», que foi tamén un termo que non abandonou nunca. Dende os anos da escola, do instituto e da universidade, e, loxicamente, nas etapas posteriores, comezou a forxar a súa personalidade como «estadista» ou «home de Estado». Foino, e ninguén o poderá discutir nunca. Na miña opinión, un pobo intelixente avanza e demostra a súa grandeza cando sabe mirar cara a adiante, cando se adapta ao momento histórico, cando trata de superar os problemas e tenta non caer neles outra vez. Manuel Fraga sabía das calidades do pobo galego, e el, a través de toda a súa bagaxe intelectual como profesor e como home de Estado, decidiu aproveitar o momento histórico como presidente da Xunta de Galicia e traballar arreo por esta terra. Dos acertos seus e dos gobernos que presidiu, beneficiouse todo o pobo; dos erros, teremos que poñer os medios para non volver caer neles. A grandeza dun presidente como servidor público é traballar sen descanso por mellorar as condicións de vida da sociedade que dirixe; e Manuel Fraga cumpriu coa súa misión. Os que veñan detrás xa saben o que teñen que facer.

Deseguido aparece unha entrevista que lle fixen para o libro 88 gallegos. Una tierra a través de sus gentes (2 vol.), Barcelona, 1983. Está escrita en castelán e así decidín reproducila, pois a intención da publicación destes dous volumes foi que a xente de fóra da nosa terra coñecese unha serie de persoeiros galegos que considerei fundamentais e importantes naqueles anos.

* * *

Al oír la palabra «política», cientos de miles de gallegos, la inmensa mayoría de nuestros paisanos, miran para otro lado, o incluso salen corriendo. Es un error. Es un error porque, por mucho que se diga —por mucho que se nos quiera engañar—, el «apolítico» no existe: todo humano, por el solo hecho de pertenecer a una comunidad, posee inevitablemente una dimensión política, y todos sus actos, sean del tipo que sean, son entre otras cosas políticos. Y el mismo hecho de declararse «apolítico», de cerrarse o huir ante la sola mención de la odiada palabra, es ya una actitud plenamente política.

Y, sin embargo, esa posición de rechazo es muy lógica. Porque en Galicia —y no sólo en Galicia, por supuesto— la experiencia ha demostrado una y otra vez que «político» era asimilable a «cacique», que los «políticos» siempre han sido los ricos y los explotadores tradicionales o, peor aún, los «arribistas», los «traidores» a su gente que sólo buscaban el progreso personal, el poder egoísta, vendiéndose y vendiéndonos a intereses ajenos. Total: para echarse a temblar. Pues ¡si hasta el diccionario nos «enseña»: «Político: que se ocupa de los asuntos del Estado ... Versado en las cosas del Gobierno y negocios del Estado... etc.»! Claro, ¿y quién imagina a un pobre campesino gallego «ocupándose de los asuntos del Estado», o «versado en las cosas del Gobierno y negocios del Estado»?

Pero no es así. Eso es pura y simplemente mentira. Político no es determinado «profesional» cuya profesión es arrancarnos el voto o, aun sin eso, situarse en los puestos de poder real, en base a que «sus conocimientos, formación y experiencia de los asuntos de Estado» le capacitan y le hacen indiscutiblemente imprescindible en esa función. Eso, tanto en gallego como en castellano, tiene un nombre bien diferente.

Políticos, repito, somos todos. Porque todos tenemos necesidades, y por tanto intereses, y nuestros actos no pueden por menos que reflejarlo. De nuestra mayor habilidad y mejor esfuerzo para intentar resolver nuestras necesidades, para alcanzar y defender nuestros intereses —¿coinciden con los de quienes tienen el poder, con los de los «políticos profesionales», con los de aquellos que nos prometen tantas cosas y dicen que buscan justamente lo mismo que nosotros? ¿Podemos defenderlos o luchar por ellos en solitario? ¿No son esos intereses nuestros los mismos que los de tanta y tanta gente en nuestra misma situación, y precisamente contrarios a los de un número muy limitado de personas? ¿Hay forma de lograr la resolución de nuestras necesidades, de las necesidades de la inmensa mayoría, sin desplazar de los puestos de poder a quienes demuestran poseer unos intereses contrarios, y que sólo pueden defender tratando de mantenernos en la necesidad que padecemos? ¿Lo conseguiremos sin lucha, sin empuje; cederán ellos por propia voluntad?—, o de nuestro desinterés, de nuestro miedo a que las cosas se compliquen aún más —¿aún más, en Galicia?—, de nuestra aceptación de la falacia del «apoliticismo», dependerá que llevemos una política más activa o más pasiva. Pero nuestra vida siempre será política, no hay otra posibilidad, y según como la orientemos mejor o peor nos irá: cualquier otra explicación es un engaño.

Galicia vive hoy una situación especial. Ha habido un cambio de régimen a nivel del Estado, nuestro país estrena un Estatuto de Autonomía. ¿Ha abandonado el gallego su tradicional escepticismo? ¿Se ha esforzado en la consecución de ese cambio, en el aprovechamiento de esa Autonomía? Parece que, en cierto modo, la inmensa mayoría se mantiene al margen: «Es un invento de fuera, de los de siempre, que pretende lo de siempre: más pronto o más tarde se le verá la oreja». Pero detrás de esa actitud reticente, cada cual —la necesidad aprieta— mantiene un punto de esperanza... Y es masoquismo: pues si no hay implicación personal, si no se toma una actitud más viva, ¿cómo no va a fallar el tinglado, cómo no va a probarse ineficaz para la gran mayoría que es precisamente la que más lo necesita, cómo no van a intentar sacarle partido solamente los de siempre? Y sin embargo, sea quien fuere quien ha montado la cosa, ésta se encuentra ahí: ¿por qué no utilizarla? ¿Por qué no lanzarse a luchar por los propios intereses empleando este nuevo instrumento, organizándose, exigiendo, desplazando de los puestos clave a quienes ya en otros tiempos han demostrado que no van por nuestro camino?

Mas lo cierto es que no todos los gallegos se encuadran en tal posición. Hay minorías que ven la situación con claridad, que actúan desde una posición políticamente activa. Ahí están esos jóvenes partidos nacionalistas, esas organizaciones de trabajadores que se esfuerzan por sus intereses; ahí están, ahora mismo, esos campesinos que se han unido para intentar sacudirse unas imposiciones asfixiantes... Pero son eso: minorías. Y precisamente por ello lo tienen más difícil, y corren el riesgo de fracasar, de «quemarse», y de que su ejemplo acabe entonces utilizándose como prueba de negatividad.

El proceso de avance de la sociedad gallega sólo será consecuencia del trabajo de la gran mayoría, y para ello es imprescindible concienciación, primero, y acción política, después.

¿Pero es que nuestra tierra está condenada a sufrir la acumulación de presión política hasta explotar, de siglo en siglo, en movimientos como el de los «Irmandiños», como los de las guerras carlistas, como el de la pasada guerra civil?

MANUEL FRAGA, alto funcionario de la Administración, profesor universitario, diplomático de carrera y tantas y tantas cosas más, es ante todo político. ¿Político a secas? Bueno, él ha manifestado repetidamente que es preciso diferenciar entre «político», es decir, profesional de la política, y «estadista» u «hombre de Estado», que es más bien lo que él se siente. Lo que ocurre es que, al parecer, todavía no ha logrado desarrollar plenamente esta su vocación de estadista, o por lo menos ésa es la impresión que se extrae de su trayectoria hasta la fecha. Y MANUEL FRAGA, digamos político con vocación de hombre de Estado, sigue ideológicamente una línea conservadora. Aunque también en este punto él difiere, sosteniendo que, por temperamento y convicción, es a la vez conservador y reformista... por mucho que la opinión general mayoritaria, en vista de su historial y su posición en el panorama político español actual, no se muestre precisamente de acuerdo.

Nuestro hombre es, pues, un personaje polémico. Tiene amigos y enemigos; hay quienes le admiran y quienes le desprecian, quienes le temen, quienes le quieren y quienes le odian. Por todas partes levanta pasiones, y son muy pocos los que ante su figura permanecen indiferentes. Sin embargo, posee este gallego dos cualidades unánimemente aceptadas y elogiadas: una extraordinaria energía y una capacidad de trabajo francamente envidiable.

Nació MANUEL FRAGA IRIBARNE el 23 de noviembre de 1922 en Vilalba, Lugo. Su familia, de recursos limitados, se iría con el tiempo ampliando, y él —tal vez como premonición de lo que más adelante sería en multitud de campos— acabaría resultando el mayor o número uno de una docena de hermanos.

Estudia el bachillerato —los dos últimos cursos— en Lugo, realizando en Santiago el examen de Estado, en el que alcanzaría premio extraordinario (1939). En la Universidad de Madrid, en 1944, se licencia en Derecho —asimismo con premio extraordinario, por cierto—, figurando como profesor ayudante de la Facultad ya antes de finalizar la carrera.

Alférez de Milicias Universitarias —número uno de su promoción—, en 1945 se doctora en Derecho y —con el número uno— aprueba las oposiciones de Letrados a Cortes.

Y ya todo seguido: 1946, Escuela Diplomática; 1947, licenciatura en Ciencias Políticas y Económicas; 1948, secretario de Embajada de segunda clase y catedrático de Derecho Político; 1951, secretario general del Instituto de Cultura Hispánica; 1953, catedrático de Teoría del Estado y Derecho Constitucional; 1955, secretario general técnico del Ministerio de Educación Nacional; 1956, subdirector del Instituto de Estudios Políticos; 1957, consejero nacional y procurador en Cortes; 1961, consejero de Embajada y director del Instituto de Estudios Políticos, y en 1962 es nombrado ministro de Información y Turismo.

Como ministro de Información y Turismo se mantendría hasta octubre de 1969, y en este largo período sería también ministro plenipotenciario de la Carrera Diplomática, en situación de excedencia especial (1963), y secretario del Consejo de Ministros y de las Comisiones Delegadas del Gobierno (1967).

En 1973 fue nombrado embajador de España en Londres, cargo que ejercería hasta la muerte de Franco: el 18 de noviembre de 1975 estaba de nuevo en España, y el 12 de diciembre Carlos Arias Navarro le nombraba ministro de Gobernación y vicepresidente para Asuntos del Interior.

En julio del año siguiente, al cesar Arias Navarro como presidente del Gobierno, cesa también Fraga como ministro. Trabaja entonces en el desarrollo de una plataforma política ya tiempo atrás iniciada, y cuando en octubre aparece Reforma Democrática, es elegido su presidente. La organización se integraría —junto con ADE, de Federico Silva; AR, de López Rodó; UDPE, de C. Martínez Esteruelas; UNE, de Fernández de la Mora; USP, de Thomas de Carranza, y DS, de Licinio de la Fuente— en Alianza Popular en el mes de diciembre de aquel 1976.

El 15 de junio de 1977, en las listas de AP por Madrid, es elegido diputado. Luego... ya es sabida la continuidad de sus pasos hasta hoy.

De su muy amplia bibliografía cabe citar: Luis de Molina y el derecho de la guerra (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1947); Razas y racismo en Norteamérica (Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1950); La acción meramente declarativa (Instituto Editorial Reus, Madrid, 1951); La reforma del Congreso de los Estados Unidos (Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1952); El Congreso y la política exterior de los Estados Unidos (Escuela Diplomática, Madrid, 1952); El Canal de Panamá (CSIC, Madrid, 1953); Las constituciones de Puerto Rico (Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1953); La crisis del Estado (Biblioteca de Ciencias Sociales, M. Aguilar, Madrid, 1955; segunda ed., 1958); Don Diego de Saavedra y Fajardo y la diplomacia de su época (Dirección General de Relaciones Culturales, Madrid, 1955); Balmes, fundador de la sociología positiva en España (Ayuntamiento de Vich, Vich, 1955); La familia española ante la segunda mitad del siglo XX (Ediciones del I Congreso de la Familia Española, Madrid, 1959); El reglamento de las Cortes Españolas (Biblioteca de Temas Actuales, Colección Norma, Madrid, 1959); Las transformaciones de la sociedad española contemporánea (Madrid, 1959); Guerra y diplomacia en el sistema actual de las relaciones internacionales (Ediciones Europa, Madrid, 1969; segunda ed., 1977); La familia y la educación en una sociedad de masas y máquinas (Congresos de la Familia Española, Madrid, 1960); El Parlamento británico desde la Parliament Act de 1911 (Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1961); Organización de la convivencia (Colección Acueducto, Madrid, 1961); Estructura política de España. La vida social y política en el siglo XX (Editorial Doncel, Madrid, 1961; varias ediciones); Promoción social y educación (Colección «O crece o muere», Ateneo de Madrid, Madrid, 1961); El hombre y lo humano en el pensamiento político contemporáneo (Col. «O crece o muere», Madrid, 1961); El nuevo Antimaquiavelo (Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1961); La guerra como forma de conflicto social (Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1961); Política y economía (Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1962); Sociedad, política y gobierno en Hispanoamérica (Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1962; segunda ed., 1971); Horizonte español (Editora Nacional, Madrid, 1965; varias eds., traducción al italiano); Cinco loas (Editorial Nacional, 1965; segunda ed., 1969); El desarrollo político (Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1972; segunda ed., 1974; ed. de bolsillo: Editorial Bruguera, Barcelona, 1975); Legitimidad y representación (Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1973; ed. de bolsillo: Editorial Bruguera, Barcelona, 1975); Sociedad, región, Europa (Alianza Editorial, Madrid, 1973); La República (Editorial Planeta, Barcelona, 1973; segunda ed., 1974); Las leyes (Editorial Planeta, Barcelona, 1975); Un objetivo nacional (Editorial Dirosa, Barcelona, 1975; ed. de bolsillo, 1976; traducciones al italiano y al portugués); Cánovas, Maeztu y otros discursos de la Segunda Restauración (Sala Editorial, Madrid, 1976); España en la encrucijada (Ediciones Adra, Madrid, 1976); Alianza Popular (Ediciones Albia, Bilbao, 1977); El gabinete británico (Moneda y Crédito, Madrid, 1977); La monarquía y el país (Editorial Planeta, Barcelona, 1977); Los fundamentos de la diplomacia (en colaboración con R. Rodríguez-Moñino; Editorial Planeta, Barcelona, 1977); Espanha, caminhos da democracia (Braga Editora LDA, Portugal, 1977); Los nuevos diálogos (Editorial Planeta, Barcelona, 1977); La crisis del Estado Español (Editorial Planeta, 1978; segunda ed., 1978); La Constitución y otras cuestiones fundamentales (Editorial Planeta, Barcelona, 1978); Después de la Constitución y hacia los años 80 (Editorial Planeta, Barcelona, 1979); Jovellanos, en la perspectiva de la sociedad española actual (Gijón, 1980).

Ha dirigido, desde 1951, la colección «Las Constituciones Hispanoamericanas», realizando diversos prólogos y trabajos en la misma. Igualmente, ha codirigido la obra La España de los años 70 (cuatro vols.; Editorial Moneda y Crédito, Madrid, de 1972 a 1974). Sus colaboraciones en revistas de todo tipo y en la prensa diaria son innumerables.

Sobre él se han escrito los siguientes libros: Fraga lribarne: retrato en tres tiempos, de Manuel Milián Mestre (Editorial Dirosa, Barcelona, 1975); Manuel Fraga, semblanza de un hombre de Estado, de Octavio Cabezas (Sala Editorial, Madrid, 1976); Manuel Fraga Iribarne, de Carlos Sentís (Editorial Cambio 16, Madrid, 1977); El pensamiento de Fraga, de Manuel Quintanilla (Ocejón Ediciones, Madrid, 1976), y Radiografía política del profesor Fraga Iribarne, de Manuel Martínez Ferrol (Crespo Ediciones, Madrid, 1978).

La relación de sus premios, honores y distinciones sencillamente no cabría aquí, pues es sin exagerar abrumadora.

Bien, ésta es la biografía en plan telegráfico —no existía otra posibilidad, dado su curriculum— de MANUEL FRAGA, quien, al frente de su partido Alianza Popular, ha obtenido la mayoría de los votos en las elecciones al Parlamento gallego, tal vez su mayor éxito real hasta el
momento.

El Estatuto de Autonomía empieza a desarrollarse, y Galicia espera. Pero la abstención ha sido extraordinariamente amplia en estas últimas elecciones, y entre el masivo escepticismo y las voces de discrepancia e impaciencia que se levantan aquí y allá, las cosas no están hoy nada claras. Porque, en definitiva, ¿ es el conservadurismo lo que Galicia necesita en la actualidad?

Señor Fraga, ¿cuál es el rasgo fundamental de su carácter?
Creo que precisamente el ser un hombre de carácter.

¿Qué le gustaría ser si no fuera político?
Lo que también he sido y soy: profesor.

¿Cuáles son las cualidades mínimas de un buen político?
Seriedad, honestidad, eficacia, entrega.

Entre los valores humanos, ¿cuál es para usted el más importante?
La verdad.

¿Qué piensa de sus enemigos?
Procuro verles como rivales o antagonistas, más que como verdaderos enemigos.

¿Qué prefiere: ser amado o ser temido?
Vamos a decir querido y respetado; las dos cosas, por supuesto.

¿Qué opina de la popularidad?
Que es una carga inevitable de la vida pública, un gaje del oficio.

¿Cree que la popularidad envejece?
No veo por qué.

¿Cree que escribe para la historia?
Nunca se sabe.

¿Qué opina de los que hablan mucho y no hacen nada?
Que son cencerros y no hombres.

¿Cómo podríamos comunicarnos más unos con otros?
Para eso no hay recetas universales. Yo recomiendo el juego del dominó y la queimada.

¿Qué opina del amor?
Que es una de las grandes fuerzas de esta vida.

Si viera quemarse su biblioteca, ¿qué libro salvaría?
Uno de Derecho Romano.

¿Qué tipo de música le gusta?
Beethoven.

¿Cuál es su deporte favorito?
La caza.

¿Cuál es la mejor película que ha visto?
Las de vaqueros de mi juventud.

¿Confía en la actual juventud?
Es como la de todos los tiempos: son jóvenes...

¿Qué opina de la familia?
Que es una institución básica de la sociedad que hay que defender con uñas y dientes.

¿Cuál es para usted la auténtica definición de libertad?
La de Montesquieu: que nadie pueda ser obligado a hacer lo que no debe hacer.

¿Qué le sugieren las palabras: feministas, marchosos, terrorismo, comunismo, fascismo, nacionalismo?
No habría feministas si no hubiera machistas. Los marchosos son los que saben marchar. Los terroristas buenos están en la cárcel, o más lejos. El comunismo es una antigualla como ideología, pero un sistema eficacísimo para monopolizar el poder y no soltarlo. El fascismo es el comunismo al revés. El nacionalismo es una deformación peligrosa de una cosa buena, que es el amor a la patria.

Señor Fraga, ¿hacia dónde camina la humanidad?
Eso me gustaría a mí saber.

¿Qué le sugiere la palabra emigración?
La vida de mis padres, de muchos parientes y amigos, la de buscar nuevos horizontes, antes de volver a los de siempre.

¿Qué pasaría en Galicia si todos los gallegos fueran tan trabajadores como usted?
Que produciríamos más de todo, supongo.

¿Qué representa para usted ser gallego?
Pertenecer a un grupo humano y cultural bien definido, en el que me siento natural y simpáticamente miembro. El ser de la estirpe de Gelmírez, de Gondomar, de Feijóo, de Murguía, de Pondal, de tantos otros...

¿A qué gallego levantaría una estatua?
A todos.

¿Cuál es su escritor gallego favorito?
Álvaro Cunqueiro.

¿Es usted partidario de una nueva sociedad o de mejorar la que ya tenemos?
Soy por temperamento y por convicción a la vez conservador y reformista.

Cuando fue ministro de Información y Turismo, ¿qué hizo usted por Galicia?
Paradores de Turismo, muchos hoteles y otras instalaciones, folletos y carteles, un gran Año Santo, y predicar con el ejemplo, pasando allí mis vacaciones. Hice también instalaciones de radio y televisión, centenares de teleclubs y, en fin, todo cuanto pude, dentro de los medios que tenía.

¿Cómo ve el futuro de Galicia?
Lleno de problemas, pero saldremos adelante.

[Olegario Sotelo Blanco, 88 galegos. Una tierra a través de sus gentes. Vol. II, pp. 255-263]

10/01/12

Isaac Díaz Pardo: un patriota ao servizo de Galicia

Isaac Díaz Pardo deixounos fisicamente o 5 de xaneiro deste 2012. O seu corpo descansa xa no cemiterio da cidade na que naceu: Santiago de Compostela. Quero manifestar a miña dor pola perda do amigo a toda a familia e agradecerlle desde esta ventá a Isaac o exemplo do que é ser un home entregado á súa terra, un patriota. O seu foi un facho permanente para min: traballar sen descanso pola cultura deste país. Amais de pintor e artista, tamén foi un editor que tratou de recuperar a memoria de Galicia a través dos libros publicados en Ediciós do Castro. Grazas, amigo Isaac, polo teu exemplo e maxisterio.

Deseguido aparece unha entrevista que lle fixen para o libro 88 gallegos. Una tierra a través de sus gentes (2 vol.), Barcelona, 1983. Está escrita en castelán e así decidín reproducila, pois a intención da publicación destes dous volumes foi que a xente de fóra da nosa terra coñecese unha serie de persoeiros galegos que considerei fundamentais e importantes naqueles anos.

* * *
En los días que corren, pocos campos tan resbaladizos, tan propicios para el camelo como el de la cultura. En este campo, hoy, las «malas hierbas» abundan por doquier. Y esto en Galicia se observa con toda claridad. Vanitas vanitatis: la busca de un nombre, de un puesto al sol, sea como sea, ha constituido y constituye la obsesión exclusiva de tantos y tantos. Y nacen así los valores ficticios, los personajes —y personajillos— de relumbrón. Pero ¿y la obra? Porque, ya se sabe, «los hombres pasan, mas las obras —las obras válidas, claro— quedan». Las fosilizaciones académicas, las falsas erudiciones, el arte producto de una u otra variedad del marketing, ¿qué tienen que ver con la cultura auténtica, con la cultura real?

Buen ejemplo de lo que digo es ISAAC DÍAZ PARDO. Un enorme ejemplo en negativo, desde luego. Porque, detrás de gran parte de las, en realidad, pocas consecuciones culturales de verdadero peso, de gran calibre, de máxima calidad e indiscutible proyección que en Galicia se han dado en los últimos tiempos, está él, está su inquietud y su trabajo. Porque, siendo una de las pocas personas lúcidamente conscientes de las dificultades —y de sus causas— que, dadas las tristes circunstancias económicas y sociales de nuestro país en las pasadas décadas, inevitablemente arrastraba nuestra cultura, jamás ha dejado de trabajar, contra viento y marea, en la mejor línea, en lo más vivo y progresivo de la cultura gallega. Y porque, con todo ello —¡no podía ser de otro modo!—, siempre ha estado, y está, a miles de kilómetros de la nefasta —e infantil, o mejor, estúpida— posición de quien no hace más que buscar el prestigio, el reconocimiento, la alabanza. Con lo cual, mira por donde, no habría forma de presentar una lista —una lista «sana», objetiva— de una docena de gallegos con mérito irreprochable en el campo de la cultura que no incluyera a DÍAZ PARDO. Ahí está Sargadelos, ahí están las Ediciós do Castro, ahí está el Museo Carlos Maside, ahí quedan tantas y tantas realizaciones que, por medio del Laboratorio de Formas de Galicia, o personalmente, reflejan el trabajo de este hombre.

ISAAC DÍAZ PARDO nació en Santiago de Compostela en 1920, «en la Casa de la Tumbona, que da nombre al callejón por el que bajan las aguas de las
esterqueiras. En el habla de las putas, la «tumbona» es la que las «tumba», la que las inicia en el «asunto». Pero esto pertenece a la historia de la pedagogía y hoy no tiene vigencia; imperan otros modos; la profesión fue desbordada irrespetuosamente. También bajaban aguas por la calle Das Hortas, en la que desemboca el callejón de la Tumbona. Estas aguas eran las peores, porque venían por la Costa do Cristo, bañando la Falcona, el depósito de cadáveres, el hospital de tiñosos... Con frecuencia la planta baja de nuestra casa quedaba inundada».
En el año 1936 estudiaba bachillerato, y su padre tenía la esperanza de que, de algún modo, podría iniciar arquitectura, que era lo que a él le gustaba; pero como las cosas fueron mal, los años de la guerra hubo de pasarlos pintando puertas y anuncios en los tranvías de A Coruña, después de permanecer seis meses mano sobre mano. Acabada la guerra, hizo Bellas Artes en Madrid, «que era más barato, y gracias».
En 1947, DÍAZ PARDO ya había realizado tres exposiciones en Madrid y otras tres en Barcelona, además de varias en Galicia y una en el extranjero. Con todo, por aquellos días se da cuenta de que está trabajando en una profesión que le han impuesto las circunstancias, que no coincide con su vocación, de la que, por otra parte, tampoco se halla seguro.

Sin embargo, es entonces cuando entra en el campo de la cerámica, «del que —dice hoy— no lograré salir». Comenzó montando la fábrica de Castro. Pero, en 1955 «tropecé conmigo mismo al comprobar que nuestras tierras (no nuestra Tierra) no eran nuestras, y ensayé a ser emigrante». En Argentina montó otra fábrica, la de Magdalena, que sigue trabajando en la actualidad, y concibió el Laboratorio Cerámico de Magdalena, que moriría en proyecto al caer el presidente Arturo Frondizi, en 1962. Y a Argentina, puesto que «comprobé que también me había equivocado, y para no fastidiar a los que se asociaron conmigo...», viajaría desde Galicia hasta veinte veces durante trece años.

En Buenos Aires, además, a partir del trabajo teórico llevado a cabo junto a Luis Seoane, nació el Laboratorio de Formas de Galicia, al cual, ya aquí, en nuestra tierra, se incorporaría el arquitecto Albalat. El Laboratorio de Formas de Galicia, ¡casi nada!: la realización cultural de mayor peso específico en nuestro país desde hace muchos, muchos años; el instrumento cultural de más alto contenido, viveza y eficacia de cuantos han existido.

Y, con el Laboratorio, las consecuciones de la mayor importancia se suceden unas a otras, y, sin darse un reposo, DÍAZ PARDO trabaja y trabaja...


Bien, esa es su breve referencia biográfica. Prácticamente autobiográfica, pues casi me he limitado a reproducir sus palabras. Pero, ¿ha visto alguien un
curriculum tan sencillo, tan modesto, tan sincero, tan ético? ¿Dónde están los títulos, los premios, la autocomplacencia, los adornos, la mierda? ¿Es éste el hombre que tanto ha trabajado y trabaja, y a tan alto nivel, por la cultura gallega? Pues sí, él es. Y aún nos dice más, para cerrar el comentario sobre su vida: «Esta laboriosa huida de mí mismo tenía alguna razón que todavía sostengo como válida: en la habilidad del hombre para hacer cosas, se ve por lo que produce que unas veces trabaja representando cosas, las que sea, y otras haciendo aparatos para satisfacer necesidades concretas, y obsérvese que yo quería ir hacia esto último y tampoco lo logré, pues todo el tiempo lo dedico a templar gaitas y demás. Sumado esto a mis condiciones de nacimiento, a la frustración como arquitecto, a la equivocación como pintor y al fracaso como emigrante, ya se comprenderá por qué no pongo mis méritos en la tarjeta». ¡Asombroso! He aquí una persona que muestra con toda sinceridad la dolorosa búsqueda de sí misma, que se juzga con toda dureza y sin paliativos, que trasluce la más extraordinaria consciencia de las penosísimas condiciones objetivas que presenta Galicia para la autorrealización individual y colectiva. Pero una persona cuyas realizaciones llenarían de orgullo a cualquier gallego, y no digamos a tantos y tantos pretenciosos que sin la menor obra válida se creen —o tratan de hacérnoslo creer— genios indiscutibles. ISAAC DÍAZ PARDO, hoy, ya, y por méritos propios, ocupa uno de los más altos puestos en la cultura gallega de todos los tiempos. Y eso no tiene vuelta de hoja.

Señor Díaz Pardo, ¿qué es para usted la cerámica? ¿Y la arquitectura?

La cerámica es un procedimiento de fabricar objetos que se diferencia de todos los demás. Lo que da carácter al procedimiento cerámico es que el producto se conforma, o se moldea, antes de transformarse en materia definitiva, es decir, antes de su transformación termoquímica dejando el fuego su presencia sobre las formas. El carácter de este procedimiento da lugar a que lo que se vitrifica o sinteriza, luego de conformarse, sea del material que sea, se diga que pertenece a la cerámica, aunque no sea hecho con arcilla, que es la cerámica que conocemos tradicionalmente.
La arquitectura... supongo que debe ser todo lo que es capaz de cumplir una función sustentante de algo para habitar, para cubrirse, para trabajar, etc.

En su opinión, ¿en qué momento se encuentra hoy la cultura gallega?
Según lo que se entienda por cultura. Si nos referimos a la cultura comunicativa del arte, estamos en un momento en que en producción no fue superado por ningún otro. Pero, a mi manera de ver, falta información de su pasado, imaginación y rigor, para que este hecho adquiera trascendencia para comunicar con el futuro. En cambio, si por cultura hemos de entender todo lo que hace o cultiva el hombre, como un hecho socio-económico, entonces nuestra cultura crece negativamente en función de su desarrollo dependiente ininterrumpido.

¿Cómo ve usted, concretamente, las artes plásticas gallegas en la actualidad?

Me remito a la contestación anterior.

¿Cree usted que el arte puede denunciar de algún modo las crisis de una sociedad?

Se supone que el arte está comunicando las inquietudes de los hombres, por lo que, si esos hombres están inmersos en alguna crisis, el arte, naturalmente, deberá reflejarla, al menos si es auténtico.


¿Qué es el Laboratorio de Formas de Galicia?

Es una sociedad jurídica que concebimos y discutimos en Buenos Aires el inolvidable Luis Seoane y yo, y a la que ya aquí en Galicia se incorporó el arquitecto Albalat. Al Laboratorio de Formas de Galicia, que tiene una filosofía bien definida, aparte de la operación restauradora de Sargadelos, pertenecen entre otras realizaciones las Ediciós do Castro y el Museo Carlos Maside, prestando además su colaboración a otras entidades embarcadas en distintos proyectos que tienen a Galicia en la mira de su objetivo.


¿Cuál es la filosofía del Laboratorio, cuáles son sus objetivos, cómo funciona?

Los que integramos el Laboratorio de Formas pensamos que el arte es un lenguaje (el lenguaje de las formas), y como tal hecho natural que es tiene que tener identidad, madre y padre, y patria. Las lenguas inventadas, desde el esperanto al trampitán, no lograron comunicar nada. Y el funcionamiento del Laboratorio de Formas consiste en proyectar esta filosofía en hechos concretos, generalmente a través de formas jurídicas de asociación.


¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos?

Los proyectos en los que yo colaboro, y que están realizándose, deben llevar a Sargadelos a duplicar su eficacia en un plazo entre uno y dos años. Ahora bien, fuera de Sargadelos colaboramos en otros proyectos. Por ejemplo, en O Castro (Sada, A Coruña) está terminándose un complejo al lado de la fábrica en el que funcionan ya el Museo Carlos Maside, el Laboratorio Xeolóxico de Laxe, la Fundación Parga Pondal, las Ediciós do Castro, las Gráficas do Castro/Moret, y próximamente entrarán en funcionamiento dos laboratorios-escuela, de cerámica y comunicación, y en Santiago estamos también colaborando en lo del Instituto Galego de Información, que publicará el periódico Galicia.


¿Cómo se presenta el futuro del Laboratorio de Formas de Galicia?
Si las sociedades e instituciones que va creando se afirman, el Laboratorio habrá ganado su meta sin haber ganado un real.

¿Qué es Sargadelos?

Una parroquia de unos tres kilómetros cuadrados perteneciente al ayuntamiento de Cervo que se extiende desde el mar hasta la montaña. Aproximadamente en su centro está el conjunto histórico-artístico del Antiguo Recinto de Sargadelos, en el que se conservan vestigios de lo que fueron las Reales Fábricas, complejo siderúrgico y cerámico fundado hacia fines del siglo XVIII por Antonio Raimundo Ibáñez.


¿Qué representa Sargadelos para la cultura gallega?

La obra creada por Ibáñez representa la realización de más aliento y prestigio de nuestro pasado industrial. También una de nuestras mayores frustraciones. Y, desde una perspectiva paradigmática, la empresa como asociación de recursos para satisfacer necesidades concretas y auténticas, frente a la empresa como asociación de intereses para especular con todo o con cualquier cosa. La operación restauradora de Sargadelos, promovida por el Laboratorio de Formas de Galicia, tenía como principal objetivo llamar la atención sobre esa memoria paradigmática y sobre el hecho de que en Sargadelos está uno de los primeros ejemplos de planificación industrial.

¿Cómo compagina la técnica con la estética?

Sargadelos es obra de mucha gente, y la responsabilidad de su técnica y de su estética recae hoy en un instituto, el Seminario de Sargadelos, que comprende a su vez un Centro de Investigación Tecnológica, muy importante, y un Centro de Sistemas de Comunicación, que es donde se elabora la imagen de Sargadelos que se conoce.


¿Qué relación tienen los nuevos diseños de Sargadetos con el arte popular gallego?

El nuevo Sargadelos, como un producto que es del Laboratorio de Formas de Galicia, trata de buscar la identidad de las formas que dieron carácter a la cultura gallega desembarazándola de las formas superpuestas por un largo período de desconcienciación del pueblo gallego. Por aquí puede haber una comunión de ideas con el arte popular. Pero nada más, pues se trata, en el caso del nuevo Sargadelos, de sistemas completamente elaborados, mientras que lo popular no es sino lo que el pueblo rústico hizo sin elaboración conceptual. No se trata de un problema cualificativo (el arte popular puede ser más valioso culturalmente que el llamado arte culto), sino de una diferenciación conceptual.

¿Cuáles son los problemas mayores del nuevo Sargadelos?

No se puede hablar de ningún problema en particular, aunque como Sargadelos está en Galicia participa de —o mejor dicho, le alcanzan— las consecuencias de la total dependencia que padece nuestra tierra.


¿Qué es y cómo funciona el Museo Carlos Maside?

El Museo funciona protegido por las empresas industriales que colaboraron en su fundación y por donaciones particulares que hacen sin alharacas gentes que aman las cosas significativas de Galicia.


¿Qué objetivos pretenden las Ediciós do Castro, cuál es su política editorial?
Ediciós do Castro es para el Laboratorio un medio de comunicación, pero también publica todo lo que se estudia o escribe, desde la geología hasta la poesía, tratando de facilitar que estas cosas puedan proyectarse y difundirse, en un principio, claro, sin demasiado espíritu crítico. Éste vendrá más adelante, formado por los destinatarios y por el tiempo.


Usted ha sido emigrante: ¿qué opinión le merece el fenómeno de la emigración?
Galicia es un país rico de gente pobre, que hoy se puede llamar asalariada porque en el contexto ya no es tan pobre. Este hecho, proveniente de su dependencia económica, es lo que hasta ahora obligó a sus gentes a emigrar, y como tales un hecho negativo. Pero la emigración gallega también produjo cosas importantes en los países donde se asentó, demostrando que los gallegos pueden asociarse y pueden crear grandes empresas, aunque algunos interesados se empeñen en negarnos estas virtudes. Un último beneficio de la emigración está en las remesas de divisas que produce, pero explotar seres humanos con este fin es sólo una práctica indeseable y delincuente, aunque en ella hayan estado interesados ilustrísimos y reverendísimos señores.

En líneas generales, ¿qué le parece el Estatuto de Autonomía de Galicia?

En el papel, creo que en general es aceptable, y aunque no sea perfecto —podría fomentar más el valor de las personas que la influencia de los partidos— a partir de él podrían hacerse grandes cosas, cosas que diesen satisfacción a todos y a todas las necesidades de Galicia. Pero lo que queda fuera del Estatuto de Autonomía —es decir, los poderes establecidos— es tan poderoso, tan rabiosamente centralista y amoral, que, sin duda tratará de reírse de la Autonomía de Galicia. Y ojalá me equivoque.


¿Cómo ve pues el porvenir de nuestra tierra?

Malo del todo no va a ser, porque hay cosas que no nos pueden quitar: las rías, la humedad... pero la leche, la energía eléctrica, el ahorro... con la cantidad de cipayos que tenemos en nuestra tierra... no sé. Por un lado, usted ya ve, y por el otro, ¿qué quiere que le diga?



[Olegario Sotelo Blanco, 88 galegos. Una tierra a través de sus gentes. Vol. I, pp. 115-122]



03/10/11

A Casa das Rodas



Hai pouco tempo falaba neste mesmo blog de que o concello de San Xoán de Río é terra de afiadores. Hoxe, día 24 de setembro, regreso a unha pequena aldea que pertence ao devandito concello, Arboiro, porque alí se celebra un grande acontecemento: a inauguración da «Casa das Rodas». Arboiro foi unha aldea chea de xente e de vitalidade hai tan só corenta anos; hoxe a maioría das casas están deshabitadas e tan só quedan dous veciños. Nesta aldea durante moitos anos destacou un veciño: o señor Nicanor. Este home foi un verdadeiro artista que fixo de todo: un nicho no cemeterio, a culata dunha escopeteta, arranxar o motor Lister da máquina de mallar, montar un muíño ou calquera traballo nunha casa. Emigrou cando era moi novo a Cuba e alí tivo varias ocupacións, a última foi traballar de buzo no porto da Habana. Neste duro traballo enfermou e os médicos cubanos mandárono de volta para que morrese na súa aldea de Arboiro e nela morreu, pero non por aquela enfermidade, porque sandou dela un tempo despois, senón pola idade, pero isto aconteceu moitos anos máis tarde. Nicanor decidiu non volver marchar e quedou en Arboiro. Só abandonou a súa aldea durante a Guerra Civil; durante a posguerra foi perseguido, apresárono, máis tarde foi confinado na provincia de Lugo e logo estivo preso na cadea que había no mosteiro de Celanova. Alí viu como os seus compeñeiros eran sacados de noite para «pasealos». El puido salvar a vida grazas a que restaurou as portas do mosteiro, pois nelas fixo unha verdadeira obra de arte e algún monxe decidiu protexelo e así liberalo do «paseo». Queríano matar por ter ideas comunistas e por participar activamente na República. Cómpre dicir que durante aqueles anos chegou a ser concelleiro, pero del falaremos máis polo miúdo outro día porque tivo unha biografía apaixonante.
Hoxe estamos en Arboiro, na mesma casa na que naceu, traballou e morreu Nicanor. Pero nesta mesma casa naceu o seu neto e, baixo a sombra do seu avó, tamén se fixo artista Florencio Martínez, máis coñecido como «Florencio de Arboiro». Este home é un artista e leva toda a vida dedicado ao mundo da escultura. Os materiais que utiliza son o bronce, as raíces das árbores e a lousa. Estes elementos modelados polas súas mans convértense en figuras de meigas, labregos e labregas nas súas distintas formas de traballos, afiadores, vendedores ambulantes etc. Todas as esculturas están relacionadas na súa maior parte coas nosas tradicións e fainas no seu obradoiro de Arboiro dende hai máis de corenta anos. Este artista expuxo a súa obra en diferentes lugares de Galicia, Madrid, Barcelona, Santander etc. e moitos persoeiros de España e de países estranxeiros locen nas súas casas as pezas deste magnífico escultor.
Sen perder o contacto coa súa terra, Florencio dende hai mais de trina anos fai compatible o mundo artístico da escultura coa recuperación de elementos que utilizaron para afiar os paisanos que percorreron unha boa parte do mundo tirando da «tarazana». Florencio conseguiu, e en moitos casos el mesmo restaurou, máis de 200 pezas dese mundo da industria ambulante: pequenas rodas que os afiadores transportaban ao lombo, rodas tradicionais nas súas máis diferentes versións, rodas montadas en carros tirados por burros coas que os afiadores traballaban polas rúas de Madrid, molexóns, todo tipo de bicicletas nas que montaban as rodas e tamén motos, as cales levaban acoplados os aparellos de afiar e con elas podían percorrer as cidades os nosos paisanos dun xeito máis cómodo; na actualidade aínda podemos ver algúns por Castela, por algunhas cidades de España e tamén do estranxeiro. Florencio conseguiu para a súa colección todo tipo de aparellos, pero ademais ten unha amplísima documentación e a versión directa do traballo e da vida de moitísimos afiadores. É un motivo de orgullo e de loanza que este home non queira que desapareza a memoria destes homes e dos aparellos desta industria ambulante.
E para que todo este material non quede no esquecemento, Florencio acaba de rehabilitar a súa casa de Arboiro e nela depositou unha parte importante deste material. Dende hoxe a xente poderá visitar a exposición que permanecerá dun xeito permanente na «Casa das Rodas». Ao acto de inauguración asistimos moitos dos seus amigos e tamén os socios da Asociación Cultural «Ben-Cho-Shey» –da que Florencio foi o seu primeiro presidente–. Cómpre dicir que esta Asociación leva o nome Ben-Cho-Shey como homenaxe ao ilustre ourensán que recuperou o barallete e dende ela os seus membros traballan por difundir as historias dos afiadores que levaron o nome de Ourense polo mundo.
Despois da inauguración da Casa das Rodas houbo unha gran festa. Florencio agasallounos cun pantagluélico xantar ao medio cento de persoas que alí nos congregamos e nel non faltaron as exquisitas empanadas de carne feitas coa masa da fariña centea. O gran que utilizou para facelas moeuno no muíño dos Taboadas de Vimieiro, da familia de Florencio e que el mesmo rehabilitou. Como se pode apreciar, a sensibilidade coa terra a través da rehabilitación do noso patrimonio, a arte das súas esculturas e a capacidade de recuperación das rodas está presente en toda a obra deste grande home.
Para rematar, conversei na inauguración con Florencio e quero que sexa el que nos fale:


P.: Amigo Florencio, logo de tantos anos de esforzos na recuperación de todas estas pezas do mundo do afiado e coa culminación na inauguración hoxe desta «Casa das Rodas», ¿dás por rematado o teu traballo sobre este tema?


R.: Os traballos neste mundo non se acaban nunca porque, cando menos o pensas, aparece un afiador ou a súa familia con historias novas. Mentres poida, sempre estarei disposto a que a miña colección medre.


P.: Ao longo de máis de corenta anos escoitarías moitas historias que che contaron os afiadores e que hoxe xa non están entre nós.


R.: Certo. Contáronme historias incribles... Detrás de cada roda había un protagonista que me narraba as súas propias vivencias. Todas eran diferentes. A uns foilles ben e a outros non.


P.: ¿Foi fácil mercarlle a roda a un afiador xubilado?


R.: Non sempre. Para un afiador a roda representou a ferramenta coa que puido vivir día a día durante moitos anos. Algún tamén me contou que á par da roda estaban as moitas experiencias de todo tipo que adquiriran ao longo da súa vida. En contra do que poida parecer, nos afiadores sempre atopei uns homes orgullosos do seu oficio porque, aínda que era duro, traballaron dun xeito independente e sen ter un xefe que mandase neles.


P.: ¿Que sentes neste momento ao ver tantas pezas restauradas por ti na Casa das Rodas?


R.: Sinto unha gran satisfacción. Logo de moitos anos na procura destas ferramentas, tanto elas coma os afiadores teñan nesta aldea a súa propia casa; sobre todo, se temos en conta que ao longo dos anos saíron de Arboiro sagas enteiras de afiadores. Síntome satisfeito de que o meu labor de recuperación ao longo destes anos pode servir para ennobrecer os afiadores e, sobre todo, dignificar o oficio destes homes que con moito esforzo mantiveron ao longo de séculos esta actividade. É unha mágoa que a xente os esquecese e que as institucións públicas non tivesen unha sensibilidade especial á hora de dedicarlles un museo.

No tempo da vendima e da colleita das patacas


Coa chegada do outono podemos apreciar como cambian moitas cousas na paisaxe. A cor verde dos nosos campos comeza a ser cuberta polas follas das árbores que viran nuns tons amarelados e ocres, esas cores tamén tan fermosas que dan un novo aspecto á nosa xeografía. Só as follas dos castiñeiros e os ourizos conservan a cor verde, pero axiña chegará o tempo no que as follas caian e os ourizos abran a boca para soltar as castañas. Os días comezan a ser máis curtos e a actividade dos campesiños é frenética porque están colleitando as patacas e facendo a vendima.


Un destes días chego ao meu Macondo, Quintela, e só atopo unha persoa sentada baixo a sombra do pradairo. A aldea está chea de coches. Atopo a Esperanza e dime que a súa xente está recollendo as patacas na Cortiña de Arriba. Cando chego á leira, vexo que detrás dunha poeira que fai a máquina que conduce Xoán van arredor de quince persoas rellendo as patacas que a máquina levantou da terra e deixou en gaveleiro. ¡Que distinto é todo! Lembro cando recollía as patacas e tiñamos que arrincarlles a terra coa man e coa aixada, levalas no carro á casa e descargalas en cestos na adega. Pero, malia a modernidade das máquinas, detrás ían as persoas, maiores e pequenos, recollendo as patacas para depositalas nun gran caixón. Máis tarde o tractor será quen as transporte ata a casa. Naquela Cortiña había xente maior, pero tamén rapaces que viven e estudan en Ourense, en Vigo e en Trives. Este día acudiron á casa da avoa Esperanza para botarlle unha man na colleita das patacas. Alegreime de ver tantos cativos a apañar nelas e encher os caldeiros mentres o tractor vai separando as grandes por un lado e as pequenas polo outro. Estas últimas serán utilizadas para cebar os porcos. Naquela leira había tres xeracións. O pasado estaba representado polas persoas maiores, a señora Esperanza e o Antonio do Serrano; o presente, polos fillos de Esperanza; e o futuro, os netos. 



Estes días en Alais, na Abeleda, na Teixeira, en Sacardebois, en Cristosende, en Torbeo e en toda a Ribeira Sacra, están tamén vendimando. A xente corta os acios xa maduros e lévanos en tractores ata as adegas. Aquí terán diferentes procesos nas cubas, dende a fermentación ata o embotellamento. A frenética actividade que se desenvolve nos viñedos contrasta coa pouca xente que queda nas aldeas.



Un día de vendima nas costas de Alais con Ramón

Os emigrantes chegaban nos meses de xullo e de agosto e non podían gozar destas colleitas. A todos eles quero agasallalos cun poema do que foi o meu amigo e tamén caldelao Manuel Casado Nieto e que aparece no libro Vendima, a primeira obra que publiquei na editorial no ano 1982.


EMIGRANTES

Eu son, Señor, un emigrante,
un emigrante galego.
Ún entre tantos,
ún entre os milleiros
que se alonxaron da paisaxe propia
polas ondas do mar e os camiños de ferro:
Algús con ar de espranza, outros cangados,
outros chorando, outros somente serios.

A Terra queda alá, verde e celmosa,
sob os ollos estantíos dos vellos e dos nenos.
Non «Terra a nosa!», mais Ai Terra nosa!,
a que quixermos todos de sartego!

–Todo o mundo é camiño
Pra camiñar os homes pra o desterro.

–Qué se me dá! Quezaives anda o fado
niste fuxir a eito.

–Hai tempo de plantar e de arrincar,
de se ir e de voltar: de todo hai tempo.

–Os abós e inda os pais aló viviron.
Tamén aló morreron. Eu desléixoos?

–É doado voar coma os paxaros, precurar o quentor do sol máis ledo.

Os bois galegos compiten no País Vasco arrastrando pedras



Dixéronme que os bois galegos de raza caldelá eran moi valorados no País Vasco para competir no arrastre de pesadas pedras. Certamente, entre os deportes rurais desa terra hai un que se denomina «Abere probak» (arrastre de pedra por animais). A competición consiste en que un boi ou unha xugada de bois deben arrastrar unha pedra durante un tempo determinado. Gaña o que realiza a maior distancia. Cómpre saber que a pedra que arrastran pode oscilar entre 1.500 e 4.000 quilogramos e a historia deste deporte é moi antiga. Os labregos que traballaban no casarío coidaban moito do gando antes de que aparecesen os tractores e outros medios. Para eles a forza do gando era fundamental e desenvolveron a través de moito esforzo unha serie de técnicas para acadar un maior traballo utilizando a súa forza. Na fotografía aparece o boi que lle mercaron a Xosé Sotelo uns vascos por 2.000 euros.


Xosé marchou para Barcelona cando era un rapaciño e alí aprendeu o oficio de albanel na Escola de Artes e Oficios. Logo das súas aventuras xuvenís polo barrio do Carmelo regresou a Galicia e despois decidiu emigrar aos Estasdos Unidos. Entre outros traballos, pintou os ferros da Ponte de Brooklyn en Manhattan e outra en Tampa (Florida). Díxome que as alturas non lle daban medo, pero abaixo podía ver os tiburóns. «Un día boteilles un bote de pintura e vin como o engulían. Entón pensei: ¡Que vai ser de min se caio...! Naquel momento decidín deixar de pintar a aquelas alturas». Este home aventureiro regresou a Castro Caldelas, fíxose contratista e máis tarde gandeiro, especializándose na cría de bois. 


09/09/11

A feira de Castro Caldelas

Na vila de Castro Caldelas, cabeceira dunha importante comarca onde un dos sectores máis importantes foi o gandeiro, as feiras dos días 3 e 18 de cada mes foron fundamentais para os campesiños das distintas aldeas porque a elas acudían para vender dende unhas galiñas ou unhas ducias de ovos ata un becerro, vacas, porcos, ovellas, cabritos, unha burra, un cabalo etc. Os habitantes da zona da ribeira tamén levaban verduras e froitas das súas hortas. En canto aos animais, podían levalos para vender ou para mercalos. Todo este movemento comercial dos aldeáns tamén beneficiaba os comercios da vila porque así como un paisano vendía un becerro ou calquera outro produto, podía mercar outras cousas necesarias para a casa: un litro de aceite, unha folla de bacallau, un traxe, todo tipo de ferramentas para traballar no campo ou utensilios para a casa. Aqueles paisanos que acudían á feira tamén podían comer unha ración de polbo na taberna e, se a venda dun animal consideraban que fora boa, incluso podían pedir un bisté ou un cabrito asado, todo isto acompañado dun viño da Ribeira Sacra.
Ata que non se produciu a emigración masiva dos anos sesenta e setenta, as feiras desta vila eran moi concorridas. Alí sempre se vendían os produtos que producía o agro e logo podían mercar o que necesitaban nos establecementos da vila. Pero, ademais, as feiras cumprían un importante cometido social. Así, nun tempo no que non había luz eléctrica nas aldeas nin ningún medio de comunicación local, a feira era o lugar onde se transmitían entre os paisanos das distintas aldeas todo tipo de información. Unha vez rematada a feira, e mentres os maiores xa marchaban para as súas aldeas, os fillos xa mozos que fixeran os seus traballos na venda de animais ou de calquera outro produto pola mañá quedaban libres para ir ao baile ou dar longos paseos pola estrada de Ourense, tanto os que xa eran noivos ou os que pretendían atopar parella. No baile, no paseo ou facendo o camiño de volta ás súas casas a pé durante dúas horas chegaron a consolidarse moitos matrimonios.
A decadencia das aldeas ata o peche de moitas delas fixo que as feiras tamén padecesen o mesmo proceso, e hoxe á feira do Castro xa non acode nin un só animal para a súa venda, non hai bailes nin paseos porque quedan poucos mozos e os que permanecen alí xa adoptaron outros costumes. Hoxe en día, aos poucos habitantes das aldeas xa lles levan á casa o pan, o peixe e todo tipo de produtos en furgonetas.
Dende hai uns anos acoden máis persoas ás feiras do Castro nos meses de xullo e de agosto, sobre todo emigrantes que están de vacacións. Van a elas por costume; así poden mercar o que precisen e logo comer unha ración de polbo. Dos comerciantes tradicionais que acudían á feira, só queda algún zapateiro, como o señor Blanco, de Ourense, que aínda cose os zapatos á man mentres chega algún comprador; un reloxeiro que se dedica a arranxar as pequenas avarías dos reloxos na mesma feira e, se a avaría é grande, lévao para poder arranxalo no seu taller de Ourense e traelo de volta na feira seguinte; o vendedor de queixos, tamén dende hai moitos anos; e o comerciante que dende o seu camión-escaparate vende todo tipo de produtos do porco. Outro que non falta nunca é o comerciante de todo tipo de aparellos para o viño e a augardente: dende un pote ou alquitara ata diferentes depósitos feitos en aceiro inoxidable. Outro home que non falta nunca é o señor Fidel, que vende o mel da súa colleita nas terras de Lemos e que é dunha excelente calidade. Todo o demais son postos de froita e de todo tipo de produtos: música, bolsos, patalóns, bragas, calzado etc., sen esquecer os homes que chegaron de países africanos vendendo cintos, alfombras, produtos de coiro etc. Todo un abano de cousas que sempre atopa un cliente.
Por sorte, aínda queda unha mostra dos vendedores de Abeleda ou de Alais que acoden a vender semente dos nabos, cebolas, allos, ourego, pementos e unha pouca froita, pero de boa calidade. Entre estes vendedores está o señor Tomás, de Abeleda, que aos seus 92 anos conduce un deses automóbiles que non precisan carné e acode á feira con trescentos quilos de patacas, cebolas e algunha froita. Monta o seu posto na praza e provisto dunha romana despacha todo o que leva para vender en poucas horas ben sexa por sacos enteiros ou por quilos.
O señor Tomás contoume que leva dous anos vivindo na Residencia de Persoas Maiores do Castro e que se aburre se non ten nada que facer, por iso ten permiso para traballar as terras que posúe en Abeleda e presume de cultivar cada ano 8.000 quilos de patacas, 7.000 quilos de uvas, allos, cebolas, coias, e engade: «Todo é natural. Non emprego ningún tipo de produto químico e non necesito intermediarios para vender o que colleito. Cargo 300 quilos no meu coche e vou ás feiras de Maceda, do Castro ou a onde sexa, e aínda teño tempo para ir a todo tipo de excursións. Hai uns días leváronnos á Coruña e tamén fomos noutra a Vigo».
Por último, o 18 de agosto, entre o barullo de postos e feirantes, atopei mercando uns zapatos polos que lle pediron 35 euros a unha vella coñecida, a señora Eladia Rodríguez Enríquez, de Alais, que ten 96 anos e non perde unha feira. A esta muller dedicareille un capítulo á parte porque de verdade considero que é interesante relatar a historia da súa vida.